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Yo señor, sí señor


Atención al público, servicio con calidad, calidad en el producto; cuando el comprador te señala tus faltas y no te queda de otra que asumir.

Lograr satisfacer al cliente al 100% no es cosa fácil, pasamos desde críticas de forma hasta cuestionamientos de fondo; pero lo cierto es que en ese afán de aseverar la ya conocida frase de 'el cliente tiene la razón', perdemos la esencia de nuestro negocio solo por asumir algo de lo que no estamos seguros si lo deberíamos de asumir o no.


Póngase al otro lado del mostrador, piense, ¿cómo le gustaría que fuese tal o cual producto? Revise su producto, analícelo con calma, cuestione todo lo que pueda cuestionar de su producto y finalmente pregúntele a su comprador. Probáblemente esto no le suene nuevo, vamos, ya lo hemos repetido mil veces, ya lo tenemos claro; pero, ¿tenemos claro que nuestro producto va acompañado de un servicio?


Una sonrisa amable, un interés sincero y atención, verdadera atención, es lo que muchas veces hace cambiar la percepción del cliente al momento de realizar una compra. Un dependiente que este dispuesto a ayudar o hacer recomendaciones que realmente vayan en la línea de las necesidades reales del comprador puede generar en el comprador una suerte de sentimientos favorables sobre su negocio que usted definitivamente agradecerá en el tiempo.


¿Qué pasa cuando un cliente sale de su negocio insatisfecho? Pues, resulta inútil repetirlo, pero se lo diremos nuevamente, se quejará en redes; y es ese espacio, precisamente, el que en los últimos tiempos está haciendo más daños a los pequeños negocios y emprendimientos.


Recuerde, un saludo cordial, una sonrisa natural y la buena disposición al servicio son detalles que los consumidores valoramos mucho.

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